Las máquinas deseantes de Irene Molina

 

Las máquinas deseantes de Irene Molina

Irene Molina (Granada, 1997) articula poéticas de la virtualidad y la caricia, concretamente a través de la creación de entornos donde lo escultórico convive con procesos relativos a la computación y la red. Se vale de fotogrametría, impresión 3D, soldadura de metales, animación y simulación para traducir archivos, modelos y flujos de imágenes virtuales en experiencias espaciales.

No es casual que esta graduada en Bellas Artes por la Universidad de Granada y Máster en Producción artística por la Universidad de Málaga, haya recibido el premio BMW de Pintura en la categoría de arte digital en 2022. En su producción, lo digital se convierte en un agente estético. 

 Río & Meñaka, galería de arte contemporáneo fundada en 2018 que representa a artistas nacionales e internacionales con una clara vocación internacional, ha incluido en su programa expositivo a esta joven artista multidisciplinar.

Visto lo visto en el marco de Apertura 2025, esta decisión parece muy acertada ya que Molina tiene un potencial de desarrollo profesional con una perspectiva global y de largo alcance.

 Desde el presente digital que habitamos, esperaré con ansias toparme con su obra en ocasiones futuras para seguir siendo encantada por esas piezas de ensueño, de un ensueño nacarado e impredecible.

 Lo suave, lo blandito, y lo satinado. Tres cualidades táctiles y visuales que están presente en los exquisitos objetos de Molina.

 Animalitos apilados como nubes de seda, tiernos pero inquietantes también (como un conejo albino en la naturaleza, que provoca curiosidad pero cierto resquemor a lo artificial también, un miedo latente a alterar su aparente fragilidad). 

 

 El mayor contraste presente en sus objetos podría ser la blandura e inocencia que denotan, con la frialdad tecnológica en la que son creados. La idea una vez que aparece, tiene que pasar por máquinas, impresoras y dispositivos que la diseñan, moldean o pulen para ese acabado final tan etéreo. Una paleta blanca, nacarada y metálica atravesada por una estética industrial.

 La cualidad de brilloso es ineludible: un blanco perlado capta nuestra atención no más entrar a la galería. Como perlas preciosas, cada curva refleja la luz artificial, rebotando en las paredes y las peanas ad hoc – plateadas y una elección del recurso, a mi óptica, muy atinada en el montaje.

Dice la artista en su texto de sala: “Cada obra actúa como interfaz: recibe input devuelve output. No sabemos qué ha sucedido, pero ahora es materia.” La impresión 3D apareció en su vida impulsada por esa pulsión de tocar lo que hay en una pantalla y volverlo matérico. Algo con luz, peso, temperatura, brillo propio o reflejado. 

Sus Máquinas deseantes (citando a Deleuze y Guattari) producen conexiones, ocupan espacio. Y podríamos agregar, se repiten, se pliegan, emocionan, brillan…

 

 

 

 

 

 

 

La exposición se puede visitar en la galería (Calle Conde de Aranda, 20) de lunes a viernes de10:00 – 20:00 h, y los sábados de 10:00 – 14:30 h hasta el 09 de octubre.

 


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