Maruja Mallo: Máscara y compás

 

 La exposición reciente que le dedica el Museo Reina Sofía a la pintora Maruja Mallo tiñe de color esperanza el panorama de las exposiciones retrospectivas de artistas españolas. La desafortunada tradición de poder ver un corpus completo y articulado de obras de arte de pintoras que han sido claves en la historia del arte nacional “tarde” se ha roto con esta exposición comisariada por Patricia Molins de la Fuente.

 El montaje curatorial ya plantea una lectura: la exposición no solo recopila obra de forma cronológica, sino que propone una narrativa sobre identidad, género, arte moderno, memoria histórica y reinvención artística que invita a reflexionar sobre la modernidad de Mallo, su marginalidad, su legado y su redescubrimiento.

Su título, “Maruja Mallo: Máscara y compás” incluye dos elementos claves de su obra: la máscara, tradicionalmente interpretada como símbolo de identidad, transformación, ocultamiento, o ambigüedad, y el compás como instrumento de geometría, poniendo orden, estructura, racionalidad. Es decir, en las pinturas, obras sobre papel (dibujos), fotografías y documentos conviven lo emocional, lo popular y lo poético con lo geométrico.

  Si bien es la retrospectiva más amplia dedicada hasta ahora a Maruja Mallo (reúne cerca de doscientas obras), en el contexto de mi visita me sorprendió la cantidad de asistentes que parecían haber estado esperando el momento de estar cerca de estas piezas, como yo también.

 Maruja Mallo nació como Ana María Gómez González en Viveiro (Lugo) en 1902 y murió en Madrid en 1995. Fue una de las figuras clave de la llamada “Generación del 27”, y la principal representante - junto a otras artistas - de una cosmovisión femenina inédita para su tiempo, algo que podríamos definir como una “mujer moderna”:  activa, libre y profesional.


Su obra no es fácil de encasillar, si es que esto fuese deseable -una tendencia habitual entre los espectadores, aunque quizás innecesaria- ya que transitó por distintas etapas y estilos a lo largo de décadas. Las salas 11 salas de la Planta 1 del Edificio Sabatini atestiguan su realismo mágico con un enfoque en lo popular, pasando por el surrealismo, hasta llegar a una fase de geometría cósmica y abstracción, variantes constantes que desafían etiquetas.

  Ese carácter plural antes mencionado la hace una artista singular. Su pintura puede leerse como un ejercicio de autonomía y libertad frente a los cánones artísticos de su época. Y basta escucharla hablar (como en la magnífica pieza audiovisual que se puede encontrar en una de las salas, donde es entrevistada y responde cada pregunta con locuacidad y la sabiduría que viene típicamente de la experiencia) para vislumbrar por qué era distinta.

 Punto para el Reina Sofía por haber logrado poner en valor el legado de Mallo para que no sea recordada como “una surrealista más”, sino una artista que buscó ir más allá de los movimientos dominantes, reinventándose según su propia lógica.


 
¿Mi obra favorita? Me han interpelado muchísimo los retratos femeninos -sobre todo “Joven negra” (1948)- pero me quedaré con “La verbena”, de 1927, un óleo sobre lienzo de 119 x 165 cm perteneciente al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

 La exposición fue inaugurada en octubre de 2025 y estará abierta hasta el 16 de marzo de 2026.  En el primer trimestre de 2026 tendrán lugar una serie de jornadas en donde se explorará, tomando como punto de partida la obra de Maruja Mallo, el concepto de lo popular en el arte español.

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