Alec Monopoly no critica el capitalismo: lo celebra, lo estetiza y lo vende

 


 ¿Por qué incomoda Alec Monopoly y por qué en tu ciudad —sea Nueva York, Buenos Aires o Madrid— seguramente hay un artista que lo imita? La respuesta no está solo en su estética reconocible ni en el uso insistente de íconos del capitalismo, sino en algo más incómodo: este artista neoyorquino no se presenta como una crítica al sistema, sino como su celebración visual del mismo. Su obra no busca desmontar el imaginario del consumo; lo embellece, lo vuelve deseable y, sobre todo, vendible. En ese gesto, su figura se convierte en un síntoma de una época donde el arte ya no necesita oponerse al mercado para triunfar, sino aliarse a él.

 Para entenderlo mejor, conviene compararlo con otros referentes del arte contemporáneo. Banksy, por ejemplo, también es conocido por mantener el anonimato y comenzó en el street art, pero su obra siempre tiene un profundo trasfondo político o social. En sus diversas pintadas, ha criticado el capitalismo, la guerra, o la desigualdad. Monopoly, en cambio, no parece apuntar a cuestionar nada; su mensaje es el propio espectáculo del consumo y el lujo. Muchos años antes y en la misma ciudad, Andy Warhol (1928-1987) trabajó con íconos comerciales, pero su proyecto también incluía un análisis crítico sobre la reproducción, la fama y la cultura de masas.


 Monopoly (1986) simplifica los gestos a una mercancía inmediata: su obra es reconocible, vendible y visualmente atractiva, pero con poco cuestionamiento conceptual. Incluso Kaws (Jersey City, 1974) que también combina íconos pop y mercado de lujo, mantiene una narrativa estética y conceptual más profunda, en Monopoly se prioriza la marca sobre la idea.

 Podemos describirlo principalmente como pintor y artista urbano, con un estilo que mezcla pintura acrílica con spray, apoyado por un estilo base de dibujo tipo cómic y técnicas mixtas. No se limita a una sola técnica, pero principalmente utiliza pintura, combinada con recursos del arte urbano. ¿Qué obras hemos podido conocer de él? En concreto, sus obras suelen ser pinturas contemporáneas hechas sobre lienzo, madera, metal u otros soportes. Proviene del street art, así que emplea técnicas típicas de este arte, resultando en una mezcla de graffiti urbano con pop art. Repite mediante stencils (plantillas) figuras como Mr. Monopoly, y las integra con trazos rápidos y gestuales. Sus figuras están delineadas de forma caricaturesca, como cómic.

 Muchas piezas están terminadas con resina brillante, lo que les da un acabado muy pulido y casi “de lujo”. En muchas piezas combina: pintura, collage (billetes, periódicos financieros, logotipos, etc.), pan de oro o materiales brillantes. Por eso se clasifica su obra a menudo como técnica mixta sobre lienzo.



 En murales trabaja directamente sobre muros, fachadas u objetos grandes. Es conocida su colaboración con Justin Bieber en 2013. Durante el evento de la premier de la película “Justin Bieber’s Believe” en Los Angeles, Alec pintó un lienzo inspirado en las portadas de álbumes del cantante y dejó un espacio para que Justin agregara su propio toque con pintura.

 A nivel institucional, está representado por Eden Fine Art (también conocida como EDEN Gallery), una galería de arte internacional con sedes en ciudades como Nueva York, Miami y Londres. En 2018 firmó un contrato de representación exclusiva y distribución con esta galería para sus pinturas y esculturas originales.



 Su ostentación no es casual ni secundaria: se ve tanto en su obra como en el propio artista. Se lo ha visto exhibiendo joyas llamativas, relojes de lujo, coches deportivos de alta gama y rodeado de varias mujeres en eventos y fiestas exclusivas. Se esfuerza por cultivar una imagen que recuerda a la de un rapero o un Don Juan moderno. Cada objeto que muestra -desde un Ferrari hasta un reloj de oro- funciona como un ícono del éxito material, de SU éxito material, el que ha alcanzado pero la gran mayoría de cuarentones en el mundo no lograrán.

Refuerza una estética que celebra el exceso y el consumo como aspiración máxima. Su vida pública se convierte así en un espectáculo en sí mismo, donde la acumulación de bienes y el derroche no son solo vanidad, sino parte integral de la narrativa artística. Este énfasis en el lujo y la apariencia transforma la experiencia del arte en una celebración del capital, desplazando la crítica o la reflexión a un segundo plano.

 Según su web oficial es conocido por “traspasar constantemente los límites y fomentar la individualidad”. No es sorprendente, entonces, que jóvenes artistas que luchan por avanzar o que encuentran dificultades en el circuito artístico vean en Alec Monopoly un ejemplo de progreso rápido y éxito visible. Su vida y su obra muestran un camino donde la fama, el dinero y la ostentación son objetivos alcanzables, creando un modelo aspiracional difícil de ignorar. Aunque su éxito esté ligado a la comercialización y al espectáculo más que al trabajo conceptual profundo, para un joven que busca reconocimiento, su trayectoria representa la promesa de que el arte puede convertirse en estilo de vida y fuente inmediata de recompensa, aunque sea a costa de renunciar a la crítica o a la autenticidad tradicional del oficio.



 Esto va unido a sus técnicas. Desde el punto de vista estilístico, Monopoly deja mucho que desear. Su obra se repite constantemente, reciclando los mismos íconos y fórmulas visuales sin aportar novedad ni profundidad. En ese sentido, se parece al “Llados Fitness” del mundo fit: espectáculo vacío que se sostiene más en la apariencia que en el contenido. La espuma de su éxito, construida sobre ostentación, celebridad y exceso, podría bajar en cualquier momento, dejando al descubierto que la obra en sí carece de sustento conceptual sólido.

 No permanece un aporte artístico duradero, sino un producto estético altamente comercial y repetitivo, cuyo valor depende más del mercado y la imagen que del arte mismo. Pienso que si Monopoly mezclase elementos de su propia vida -personajes o recuerdos de su infancia, frases importantes para él, juegos de acrónimos con su nombre, simplemente imagino- podría hacer su obra mucho más atractiva y personal. Incluso si hiciese referencias a la gran ciudad podría darle una capa de sentido extra su producción. Son posibilidades que, hasta ahora, no está explorando lo suficiente.

 

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