Entrevista a: Greta Hammond
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Para
empezar: ¿quién es Greta Hammond artista?
Soy pintora. La manera de
buscar lo artístico se ha ido transformando en el tiempo, pero la pintura como
búsqueda y recorrido siempre ha sido mi compañera, nunca me ha soltado la mano.
Siento la necesidad y alegría cada día de seguir trabajando en esa dirección. Algunas
personas me consideran una poeta visual y eso también me gusta porque considero
las imágenes contenedoras de un trasfondo poético, que no es solo visualidad sino
un lugar donde la forma “respira” y posee una narrativa vital. Mi camino
artístico ha estado marcado por dos vertientes principales: una disciplinar y
técnica y otra asociada a la búsqueda conceptual de la imagen. Siempre he sido
una amante de la literatura, muy “friki” de libros, y eso me ha dado un
sustrato para pensar que cuando escribo construyo imágenes, y cuando pinto, escribo
mi propia historia. Un espejo de mi ser actual. Me considero una persona
curiosa y aventurera, y esa actitud siempre deseo trasladarla a la obra.
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¿Qué
rol juegan los títulos en tus obras?
En las últimas series los
títulos son bastante referenciales hacia lugares. Pienso la geografía no solo
como un lugar físico sino también, emocional. Mi vida ha estado atravesada por
diversos viajes y movimientos por sitios muy diferentes donde siempre intento
buscar focos de naturaleza. Eso ha sido una constante últimamente en mi obra, creo
que tiene que ver con volver a mi infancia, un momento rodeada de naturaleza en
la Cordillera de los Andes, en medio de la Patagonia Argentina. Muchas veces
una va buscando cosas que ya están dentro. El entorno natural es mi casa, mi
refugio, mi compañía, y la motivación que impulsa mi hacer actual. En la
siguiente obra reúno imágenes de un paseo por el Valle del Tiétar,
entremezclado con fragmentos de mi taller en Madrid. Intento buscar belleza en
las ruinas o sumergirme en los lugares donde pasa el agua y hace brotar el
campo.
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Si tu
obra fuese una ciudad, ¿cuál sería?
La primera respuesta que
se me viene a la mente es un lugar con agua. Estoy trabajando ahora con la idea
del movimiento del agua, creo que me aporta fluidez en la pincelada y en la
manera de componer la obra, intento moverme como un río. Últimamente estoy estudiando
filosofía de la pintura china y me resulta apasionante la mirada oriental sobre
el vacío, no como “algo donde no hay nada”, sino como un campo de fuerzas donde
se alojan más preguntas, tensiones y plenitud. También por otro lado, dan valor
a los elementos de la naturaleza: el agua, el fuego, los valles… como
construcciones poéticas, vivas y relacionadas con nuestra naturaleza interna.
Yo me crié en un valle. Y
esa forma me visita constantemente. Hoy vivo en el centro de una ciudad y busco
constantemente parques, bosques, agua, donde mi alma resuena. El arte es una
búsqueda espiritual. Uno de los caminos mas complejos y amables a la vez. Cuando
pinto siento que me sano. Es un gesto necesario en mi existir.
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¿Cómo
eliges los materiales y técnicas que utilizas?
Antes que nada, soy muy
respetuosa y estudiosa de lo técnico. Ahí hay un conocimiento increíble. Me
gusta mucho tener dominio de esa parte de la práctica para poder volcarlo de
una manera libre y orgánica. Actualmente prefiero no sobrecargar la mente de muchas
preguntas a la hora de crear, para que mi intuición me vaya guiando y sienta lo
que estoy haciendo en los mínimos movimientos del pincel sobre la tela, la
cantidad de agua, la efervescencia del spray o la presión del lápiz sobre la
tela...
He trabajado mucho con
distintos materiales pero hace un tiempo largo estoy trabajando sobre papel.
Creo que es un soporte muy noble, que me permite jugar con distintas texturas y pinceladas. La
manera de aplicar la pintura sobre la superficie es la identidad de quien
pinta, cada persona cuenta una historia diferente. Intento cambiar los pinceles,
uso también ceras para que la línea se vea ya que me gusta que aparezca la estructura
interna de las formas en alguna parte de la imagen.
Me he educado en una
escuela donde el dibujo era muy importante. Mi maestra de arte, que conocí
cuando era una niña, fue la responsable y desencadenante de colocar
amorosamente dentro mío la curiosidad y el germen artístico. En una familia donde
no había artistas, ella fue la guía que me enseñó a crear desde la intuición: qué
color, qué forma te nace… y hacerlo. En esa etapa nunca me pregunté el porqué,
sino qué fluía en esa necesidad interior de crear.
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Hay un
gran componente de intuición en lo que cuentas ¿Qué consideras que es lo más
importante que te dejó la formación académica? ¿Sientes que es un paso
obligatorio la universidad?
Sólo de intuición no se hace
la obra. Cuando empecé la universidad fue una frustración grande no tener
muchos saberes específicos del dibujo académico, entonces me tuve que poner a
ver cómo era eso. Ahí conocí a Christian Mazzuca, que fue quien me enseño
muchísimo sobre dibujo y a Graciela Genovés, que me dio una guía inmensa para
entender el color. Ambos fueron mis grandes maestros en Argentina. Uno insistía
en el poder de la estructura, la línea, el dibujo… y la otra dirigía su
enseñanza hacia el manejo del color, la mancha, la composición pictórica…
Veo con mucho cariño y
esfuerzo esa etapa de mi formación. Tuve la suerte de cruzarme con estos
artistas tan generosos y profesionales que me dieron una postura crítica y muy
profesional sobre el arte. Las trayectorias artísticas son muy diferentes
cuando una aprende pero lo que también me ha dado muchas herramientas ha sido
el enseñar arte: cuando empecé ese camino, tuve que desaprender lo estudiado
para poder comunicar desde los saberes básicos, cómo se sujeta un pincel, cómo
se mezclan los colores, qué te pasa cuando pintás con esa gama de color…
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¿Tienes
algún ritual o rutina antes de empezar a crear?
Siempre hay mate
argentino en el estudio, y trabajo muchas horas. Puedo pasar mucho tiempo
conectada con un proyecto o una pintura. A veces “dejo descansar la obra un
rato” para separarme un poco, y luego volver, que se asienten los colores…
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¿Cómo
sabes cuándo una obra está “terminada”?
Una profesora mía decía
que la obra ya está lista cuando le hacés preguntas y ya no tiene más que
decir, está en silencio. Me parece muy bonito eso. En mi caso estructuro el
color, “le falta rojo, azul…” para que esté equilibrado, “intención”, “fuerza”,
lo que fuere. Pero creo que cuando hay una resonancia entre lo que querés decir
y lo que ves, la obra está lista. últimamente quiero dejar espacio entre las
figuras y las formas para que respiren, no cerrarlas del todo. Que haya huecos,
vacíos y que el espectador complete la forma visual.
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¿Cómo
manejas los bloqueos creativos o la frustración durante el trabajo?
Me gusta crear dos piezas
en simultáneo, así si el proceso se traba un poco, la dejo descansar y voy
hacia la otra. Eso me gusta, o cambiar de formato o materialidad. Si por
ejemplo estoy trabajando hace muchísimo tiempo con papel, me voy al lienzo, del
lienzo paso a la madera... También ese cambio entre lo bi y lo tridimensional
me coloca en otro lugar. No me da miedo repetirme porque pienso que cada obra
es única y es un nuevo comienzo. Cada día evolucionamos, cambiamos, nos hacemos
distintas preguntas. Una puede hacer el mismo motivo veinte, cuarenta, cien veces
que siempre va a encontrar alguna diferencia. Está el caso de Morandi, el
pintor italiano. Toda su vida usó una paleta muy similar para pintar objetos de
su casa y cuando vemos su obra completa es muy impactante. Me lo pregunto
siempre, sobre todo en la práctica de grabado: ¿cómo se puede generar
diferencia desde la repetición? Cada pieza ocupa un tiempo y un espacio
diferente.
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¿Qué te
genera el concepto tan sonado de “estilo”?
Lo puedo pensar al estilo
como una continuidad o referencia sobre el autor. Hay algo de la esencia
interna de uno que está marcado y se repite. En el arte contemporáneo se podría
pensar como una línea de investigación propia: de qué manera puedo lograr algo
que sea un espejo de mí misma. Pero también es variable. No me gustaría pensarlo
como algo que te encajone, sino que te propulse a generar nuevas
experimentaciones y variar la línea de acción.
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Si
fueses Ministra de Cultura donde vives, ¿qué primeras medidas tomarías al
asumir el cargo? ¿Qué cambiarías, o harías distinto?
Hay que poner el foco en
las infancias y en lo artístico como servicio al pueblo. En los países donde más
se apuesta por la educación artística, los profesores de primaria cobran más
que cualquier otro profesor porque se piensa a largo plazo. El arte debe ser
importante en lo curricular escolar. Los niños no tienen trabas para expresarse
artísticamente y creando desarrollan educación emocional. Si se pensara desde
los niveles más iniciales se podrían ver los beneficios. Pensar el arte como
algo integral, holístico, no sólo hablo de lo visual sino también del teatro,
lo audiovisual y la música.
¿Democratización
del arte y arte elitista: qué piensas de esas dos categorías?
El arte tendría que ser
para todos. Después hay que pensar hacia quién está dirigido, quién es el
receptor de eso y qué efectos tiene sobre la sociedad. La diferencia existe,
hay que poseer un extra de dinero para adquirir una obra pero también es cierto
que esto puede ser un prejuicio, un estereotipo, porque si uno se acerca a las
ferias va a encontrar obras de precios muy diferentes. Hay que ir a fondo y no
quedarnos en esas dos categorías de “consumo” o “no consumo” de arte y buscar
estrategias más allá. Democratizar el arte a través de generar prácticas y
experiencias para que sea interesante, transformador y accesible.
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¿Qué
consejos darías a artistas emergentes que buscan su propio lenguaje?
Ser trabajador del arte,
es ser un actor social muy necesario como cualquier otro. No es un camino
recto. Se necesita muchísimo estudio, disciplina y pasión por lo que una hace.
Todos los días aprendo algo. Existen muy pocos golpes de suerte dentro de una
carrera artística. Es un camino del deseo. El artista es un actor muy necesario
en esta sociedad tan regulada por el deseo de los otros, por ser productivo,
tener un valor utilitarista. El artista va generando algo que es transformador,
nos lleva a un lugar que nos hace preguntarnos sobre la realidad, nos aporta
calma y sosiego.
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Se está
debatiendo la reducción del IVA a la compra de obras de arte en España, ¿qué
opinas de esta medida?
Me parece genial. Tenemos
casos en países cercanos a España donde el IVA es muchísimo menor. Sería un
beneficio para todo el comercio del arte. El 21% es una proporción altísima en
el precio de una obra, la encarece muchísimo. Perjudica a todo el sistema del
arte: al comprador, al artista… y a la posibilidad de generar nuevos flujos
comerciales.
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¿En qué
has estado trabajando los últimos meses?
Ahora vengo de estar en
la feria Hybrid, un lugar super potente en el que me da orgullo haber participado
nuevamente. Es un sitio comercial muy amigable, para acercarse, informarse,
profundizar estas conversaciones que estamos teniendo ahora, y ampliar el conocimiento
artístico actual. Me sorprende como algunas de las retribuciones de la gente
suman también a mi creación. Es un feedback muy positivo, cuatro días a full
pero muchos meses -o años- de preparación antes para mostrarlo.
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En esta
profesión que puede ser algo solitaria, ¿qué rol crees que tienen los pares en
la creación?
Desde nuestro espacio
intentamos ser muy generosos. Siempre la instancia de exposición es algo
positivo para cualquier artista, porque ahí se pone en el exterior todo el
trabajo de mucho tiempo y vienen opiniones que sorprenden y suman. Me gusta
mucho escuchar las críticas de mis compañeros porque son gente muy formada y me
hacen bien sus opiniones. Amplio mi búsqueda con sus críticas constructivas.
La figura del artista en
soledad es muy necesaria porque crear es un acto íntimo, yo necesito estar sola
para poder crear. Luego a la hora de mostrar las obras se genera un quiebre.
Las piezas en proceso solo se las muestro a gente muy cercana que conoce lo que
estoy haciendo y lo que me da curiosidad en ese momento. Me ha pasado también que
a veces llegan comentarios de gente sin formación artística que me da una
mirada super rica y un aporte profundo sobre lo que ven y sienten, y se
transforma en impulso para seguir creando.
¿Qué viene para ti
en el futuro, cuánto planeas tu camino para los próximos años de tu práctica?
Los que me conocen saben
que trato de estar mucho en el presente. Y este presente está cargado de
trabajo. El otro día escuchaba a un actor que decía “aunque no te salgan
oportunidades nunca dejes de estar entrenado”. Es vital eso de seguir armando,
creando. Yo sé que es difícil a veces tener los materiales o vivir de esto
sobre todo para los que recién empiezan. Pero intento buscar posibilidades para
crear o enseñar y que mis acciones estén en constante dialogo con mi práctica, a veces estoy caminando y estoy creando una
obra, o pensando un proyecto o una posibilidad constructiva. Importa la
intención, los motivos y las cuestiones artísticas vienen a una, hay que
generar ese movimiento.
¿Dónde recomiendas
ver exposiciones en Madrid, cuáles son tus favoritas?
Me encantan las
exposiciones, voy a muchas. Me gustan los clásicos como el Thyssen, siempre que
voy encuentro algo nuevo. Por más que la exposición sea la misma. Las
temporales ahí me parece que están muy bien curadas. El Museo Mapfre también me
gusta, es más pequeñito pero es muy recorrible. Tiene una visión contemporánea
y clásica a la vez. Me gusta también ir a museos de Arqueología, de Ciencias
Naturales, de cerámica, donde ver modelos o formas que me interesan y luego
traslado a los cuadros. También me encanta ir al Reina Sofía. Hace poco vi la
instalación del cineasta Oliver Laxe y me hizo pensar en la manera en que
sentimos o percibimos, cómo el cuerpo es un canal que comunica lo que está ahí
latente. También me encanta ir a conciertos de música en la Fundación Juan
March o cualquier espacio cultural. Todos esos discursos son hermanos del arte
visual y eso me da aire para crear mi
obra.
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¿Hay
alguna obra tuya que consideres un punto de inflexión en tu carrera?
Dentro de mi trabajo he
viajado mucho por distintos lugares, y algunos han sido muy importantes en mi
creación. Estuve hace unos años haciendo la última parte de mi doctorado en
Finlandia. Tenía que ver con investigar los mecanismos de mi práctica
artística, y Laponia fue un sitio de “parar el tiempo”, y reconectar con todos
estos procesos lentos, a contraposición al modelo actual, que nos está diciendo
todo el tiempo qué hacer, cómo vestir, qué pensar, por dónde andar. Como dice
un filósofo amigo, “si vamos a un café y está el periódico de ayer ya no nos
interesa, queremos el de hoy”.
Ese trabajo en el Ártico dirigió
mis ultimas búsqueda, mi habitación era como mi laboratorio. Empecé a crear
obras por fragmentos. Quería hacer piezas de gran formato y no tenia mucho
espacio. Cuando llegué en enero no había luz casi, solo algunos minutos. Esos
rayos que entraban en mi habitación dibujaban sobre la pared el bosque
exterior.
Unos cuantos días observé
qué pasaba y cómo se movían las formas en esos pocos minutos de luz cotidianos.
Luego empecé a pintarlo. Luego a escribir qué día y hora era. El Sol iba
rotando, y yo también me iba moviendo por el espacio. Cada vez había más
minutos de luz y la obra fue creciendo.
Con esos pliegos de papel
empecé a crear otros tipos de imágenes. También lo que me gustó era que podía
llevar en el bolso la obra desarmada y viajar a cualquier lado para mostrarla.
Hay una serie de imágenes que expuse recientemente en la feria que tienen que
ver con la fragmentación y trabajar por capas. “Poema material” llamo a esa
búsqueda de intersecciones entre visualidad y poesía. La poesía para mí no es
solo el texto escrito, sino una sustancialidad de la obra, algo en la esencia.
En ese primer momento en
que copiaba el trazo del sol y de las ramas de los árboles, eran como huellas y
yo me sentía como una intermediaria. Luego, cuando encontré un libro de Botánica
allí ya era primavera y la luz duraba más. Los trazos se transformaron en
raíces, esas raíces en texturas, y empezaron a aparecer nuevas formas. Luego,
hice otra serie de paisajes de allá. ¡El paisaje ártico es una locura!, yo
sacaba fotos, porque el nivel de color y la paleta de Laponia me parece
increíble.
En la naturaleza están
las respuestas, es mi gran maestra.
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Si
tuvieras que escoger 3 influencias, artistas vivos o muertos que han creado
antes de ti, ¿quiénes serían?
Dos artistas que admiro y
han sido mis maestros: Graciela Genovés y Christian Mazzuca (en cuanto a color
y dibujo). Y más más contemporáneos diría Tacita Dean y David Hockney.
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Para saber más sobre
Greta Hammond: https://www.gretahammond.com/




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