¿Puede una ciudad convertirse en una exposición? (Apertura Madrid 2026)
Apertura Madrid 2026
Durante dos días me embarqué (o debería decir más
precisamente, comencé un peregrinaje) con una pregunta en mente: qué ocurre
cuando las galerías dejan de ser destinos aislados y durante cuatro días
intentan convertirse en un circuito artístico de la ciudad.
La propia organización plantea los itinerarios
como una manera de recorrer la escena madrileña. Este año hay ocho rutas por
barrios, haciendo que Madrid durante Apertura se convierta en una especie de
mapa superpuesto. Hay algo muy interesante en Apertura: la experiencia no
sucede únicamente dentro de las galerías, sucede también caminando entre ellas.
Sales de una
galería, recorres unas calles, entras en otra, te encuentras a alguien que
conoces y te demoras, alguien te recomienda una exposición complementaria, ves
un escaparate, te desvías de tu ruta, paras a recargar energía con un café...
Hay una dimensión urbana y física que no existe igual cuando consumes las
mismas exposiciones desde Instagram o desde la web (por favor, id a eventos
presenciales). Este pedido encarecido me conecta con uno de mis últimos artículos
en donde reflexioné sobre la presencialidad. Soy ferviente creyente que siempre
que se pueda, un hábito no sustituye al otro.
El descubrimiento casual. La posibilidad de
entrar porque has visto algo desde fuera. La conversación. El encuentro. La
recomendación espontánea. Un “voy caminando y voy viendo” versus “voy a esta
galería”. Se introduce otra posibilidad… ¿será que el verdadero valor de un gallery
weekend está menos en las exposiciones individuales que en generar una masa
crítica de encuentros entre ellas? ¿se elimina temporalmente la “competencia”
entre espacios, para crear algo mayor, juntos? Esas ideas, y muchas otras,
rondaron mi cabeza durante las dos jornadas que dediqué a recorrer tres de las
rutas propuestas.
Una cosa es abrir físicamente la puerta y otra
conseguir que una persona que nunca entra en una galería se sienta invitada a
hacerlo. Algo grato de ver en los días de Apertura es nuevas caras, vecinos del
barrio en cuestión, algún que otro viajero con su mapa de las rutas, que decide
cambiar el circuito estereotipado de “10 cosas para ver o hacer en Madrid en
verano”, por un aluvión de color, formas, cartelas y textos de sala. Apertura
no sólo concentra durante cuatro días a la misma comunidad artística que ya
frecuenta estos espacios, sino que también democratiza realmente al espacio de la
galería.
Si los
Gallery Weekends también se hacen en ciudades como Barcelona y Valencia, ¿qué
tiene de específicamente madrileño Apertura? Es un ecosistema compuesto por galerías
históricas, galerías jóvenes, nuevos espacios, concentración en determinados
barrios, el área de Carabanchel como polo emergente, instituciones públicas y
privadas, coleccionismo activo, y artistas internacionales que trabajan desde
Madrid.
¿Dónde termina el evento cultural y dónde
empieza la estrategia comercial? La venta es parte del ecosistema de las
galerías. Apertura es cultura, pero también es una operación importantísima
para las galerías. Éstas necesitan vender, captar coleccionistas, presentar
artistas, generar relaciones, conseguir visibilidad, y demostrar actividad. Las
fronteras entre evento cultural y estrategia comercial son difusas. Y está bien
que así sea. Las galerías vienen de un verano cerradas parcial o totalmente, y
septiembre es el lanzamiento perfecto para catapultar el inicio de la
temporada, la gran “vuelta al cole” que marca un poco el horizonte hasta las ferias
de marzo, otro momento fuerte de multiplicidad de eventos y programación en
simultáneo que nos deja agotados pero felices.
¿Qué ocurre cuando termina la fiesta? ¿Qué
queda después de Apertura? Esta es quizás, mi pregunta favorita. Porque el
evento dura cuatro días, pero las galerías tienen que sobrevivir los otros 361.
Es difícil determinar cuánta gente vuelve a las galerías después, si las
exposiciones mantienen visitantes, o si los nuevos públicos regresan. ¿Qué
papel desempeñan las rutas en la creación de hábitos?
Apertura lleva desde 2009 funcionando como la
gran apertura de temporada de las galerías madrileñas. Después de tantos años,
la pregunta ya no es solamente si funciona, sino si ha conseguido cambiar la
relación de los madrileños con sus galerías. Quizá su éxito no debería medirse
únicamente por el número de galerías participantes, visitantes o ventas. Quizá
habría que medir algo más difícil: cuántas personas que entraron por primera
vez en una galería durante esos cuatro días volvieron por su cuenta un martes
cualquiera de octubre. Difícil encontrar datos al respecto (idea drop de datos
útiles a recopilar para Artepreneur, ITGallery y Artizense, quienes presentaron
el año pasado una encuesta pionera que terminó conformando el Informe sobre
condiciones laborales en el sector del arte y la cultura en España).
Pregunta crítica: ¿qué ocurre cuando el arte
contemporáneo deja de estar concentrado en un centro y empieza a obligarnos a
desplazarnos? La imagen que tenemos de Madrid como ciudad del arte sigue
estando muy ligada al centro: Salesas, Chueca, Justicia, Letras, Lavapiés,
Salamanca. Son barrios donde varias galerías pueden visitarse prácticamente a
pie, entrando y saliendo de una exposición para encontrarse con otra pocos
minutos después. Pero Apertura obliga a ampliar el mapa. Carabanchel y Las
Rozas forman parte del recorrido oficial y, fuera del circuito estrictamente
galerístico, y el programa incorpora también instituciones y espacios como La
Casa Encendida, el Museo Lázaro Galdiano y actividades en otros puntos de la
ciudad.
Os cuento aquí mis coups de cœur, las
asociaciones que he hecho entre espacios, y os adelanto que aún así me quedé
con ganas de ver.
La edición 2026
se celebró del 10 al 13 de septiembre, con 60 galerías de Arte Madrid, más de
500 artistas y ocho recorridos territoriales.
MIS RECORRIDOS
Enamorada totalmente de varias obras: el
textil en algodón de Maru Quiñonero en Alzueta (C/ Marqués de
Monasterio, 1) titulado “La vida es pelar una granada sin prisa. subir un
cuarto piso sin ascensor. es la vida que voy queriendo porque me aprieta la
ansiedad en el pecho justo debajo de las tetas”.
Las esculturas comprimidas de Adam Parker
Smith (aquí no puedo ser objetiva, ¡me encanta la obra de este artista!) en
Yusto Giner (Calle Barquillo, 25).
Destaco la sutileza de los textiles en Rio
Meñaka (Conde de Aranda, 20) de Julia Llerena, con un montaje de resultante muy
etérea, y en una gama cromática que aporta al visitante cierta calma y conexión
con la tierra. “Página 180” nace de un diálogo entre la artista y la memoria de
su madre, Puri, a través de un diario que esta comenzó en 1979 y dejó
inconcluso en la página 180. Ese diario se convierte en una especie de punto de
partida para hablar de memoria, maternidad, duelo, fragilidad, tiempo y
creación artística.
Me ha gustado mucho el emplazamiento de una escultura
colgante de Carlos Albert en Galería BAT Alberto Cornejo (María de Guzmán, 61).
Se trata de “Aire cansado” (hierro forjado, 2026).
Al igual que el año pasado en la edición
anterior de Apertura, espectacular el uso del espacio y la poética visual (y
literal, ya que hay un texto magnífico clavado en uno de los muros iniciales del
espacio) de Ana Montiel en Parra y Romero (Calle Claudio Coello, 14).
Si de
aprovechamiento del espacio hablamos, imposible no mencionar los Tiempos
Cíclicos / Futuros Pasados de Simón Vega en Albarrán Bourdais (Calle Barquillo,
13).
Me ha parecido
un discurso muy comprometido el de la argentina Chola Poblete quien, bajo la
premisa de “¿Qué hace que el arte, a pesar de su diversidad e
interseccionalidad no tenga artistas con rasgos marrones-indígenas, pero sí
existan miles de obras sobre elles? ”, presenta MARRÓN BARROCO, su primera
muestra en España (Travesía Cuatro, Calle de San Mateo, 16).
Resolución técnica original la de José Ramón
Amondarain en Fernando Pradilla (Claudio Coello, 20 ) con su rocódromo de
escalada como soporte.
El placer
de lo bien hecho de la mano de Juan Asensio en Elvira González (Calle de los
Hermanos Álvarez Quintero, 1): exquisitas piezas escultóricas en diferentes
materiales y acabados (se exhibe una de mármol blanco yugoslavo que me ha
conquistado por completo).
Y la capacidad de hacer obra de algo sensible
y tan de raíz como el hogar en el que crecimos de David Diao en Aresti Cervera
(Calle Justiniano, 8).
Por último, para los que gustan de la
“pintura-pintura”, inmejorable los paisajes abstractos de Nico Munuera en Pedro
Cera (Calle de Barceló, 13).
Como he mencionado antes, el recorrido de
Apertura no se limita al centro de Madrid: el programa también incorpora ese
ámbito metropolitano. Y entonces aparece la -hasta entonces- periferia.
Carabanchel cambia las reglas; si en el centro las galerías pueden aparecer
como una sucesión casi accidental, en Carabanchel hay que tomar la decisión
consciente de ir. La distancia no dificulta el acceso al arte, sino que
convierte la visita en una experiencia más deliberada. Llegar allí implica otra
relación con el tiempo y con el espacio. Ya no se trata tanto de encontrarse
con una galería al doblar una esquina, sino de decidir ir hasta ella. El
desplazamiento adquiere así un peso propio dentro de la experiencia: hay que
hacer el viaje para que el arte aparezca.
El fin de semana termina. Los recorridos
desaparecen. El mapa deja de estar marcado. ¿Qué queda? Un carrete lleno de
imágenes en el móvil, tarjetas de visita, y un sinfín de espacios nuevos adonde
volver, una y otra vez durante el resto del año.
*Recomiendo revisar las webs de cada galería
para conocer sus horarios de apertura y fechas de fin de exposiciones.

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